Cuanto antes, mejor. No porque sea urgente en el sentido médico, sino porque cuanto más tiempo se normaliza un acúfeno sin abordarlo, más arraigado queda en la respuesta del sistema nervioso. Si llevas más de tres meses con pitidos o zumbidos que no desaparecen y que te afectan en el sueño, la concentración o el estado de ánimo, vale la pena hacer una evaluación.


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