Porque de noche hay menos ruido exterior. El cerebro, que durante el día tiene muchos estímulos sonoros a los que atender, de repente se queda sin esa «competencia» y el acúfeno se hace más presente. Es uno de los motivos por los que los enmascaradores son especialmente útiles a la hora de dormir: generan un sonido suave de fondo que reduce ese contraste.


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